La iluminación en el cine

No solo de contratar luz se trata el cine, pues su creación y evolución ha ido a la par de historia, tanto de la iluminación, como de la historia de la tecnología, del mismo modo que ha sucedido con todas las industrias que se nutren de los adelantos técnicos de cada una de las épocas.

Inicialmente las emulsiones fotográficas empleadas en el cine eran poco sensibles a la luz, por lo que era necesario usar mucho, de manera que se utilizaba la luz del sol para filmar. Una vez llegado el año 1827, la carrera para hacerse de emulsiones que fuesen cada vez más sensibles, pasó a ser algo indefendible pues gracias a la iluminación es que se pueden crear innumerables ambientes con los que se logra contar una historia.

La luz ha sido motivo de inspiración para todas las tendencias artísticas, incluso para la arquitectura, quien en un principio se apoderó del fuego, también, aunque también este último se empleó para narrar historia, pintar, hacer teatro e innumerables propósitos. Hay quienes sostienen que la luz del fuego es perfecta, es cálida y brillante, por lo que la mente suele asociarla con la seguridad, el calor y la protección ante la naturaleza.

El fuego es capaz de atraer a la gente de forma automática, los conduce a ponerse en círculo alrededor si se trata de una fogata, incluso a una distancia cómoda con el fin de conversar. En el momento en el que la luz del fuego parpadea suavemente, esta da paso a un foco visual que es variable, pero que también impide que perdamos la atención. El fuego comienza con gran brillo para luego debilitarse de forma gradual al tiempo que nuestros estados de ánimo se interiorizan y las pupilas se ensanchan. El fuego resulta ideal al momento de contar historias o quizás de explicar algún cuento. Funciona para el charlatán del pueblo, para el viejo que contaba historias en la tribu, o para ritos de iniciación, ¿ahora entendemos por qué la luz del fuego es perfecta?.Cuando somos pequeños, el fuego de los campamentos de “boy scout” convocaba a reunirse entorno a la mágica luz de la hoguera, ello enrojecía los rostros mientras se escuchaba a los mayores en compañía de canciones que hacían girar alrededor de ese fuego que era la culminación de de las actividades de todo un día.

Pero no solo para ello tuvo utilidad el fuego de las hogueras, ya que también se empleó de formas prácticas, como en época de los griegos que era utilizado para orientar a las naves, un ejemplo de ello Lo fue el famoso faro de Alejandría. En cuanto teatro, en un principio este fue representado a la luz de una hoguera, pero conforme iba transcurriendo el tiempo, fue transformándose con guiones escritos y mucha audiencia, cosa que llevó a la generalización de las actuaciones a plena luz del día, puesto que se requería de la luz para ver con claridad a todos los personajes. En el caso de las obras clásicas griegas, estas eran presentadas en festivales, que el líneas generales comenzaban al amanecer continuando durante casi todo el día.

En medio de cada presentación, el énfasis no recaía en el vestuario o en las máscaras, en la puesta en escena, o en los decorados. En tal sentido, el teatro logró subsistir casi en su totalidad con el poder de la palabra. Llegado el siglo X es cuando se comienzan a hacer representaciones dentro de las iglesias, por lo que en 1450, llegan a efectuarse espectáculos en el atrio de las iglesias, pero siempre con la luz del dia. Llegados los tiempos de Shakespeare, las actuaciones a la luz del día se habían convertido en la norma de esa época. Las representaciones habían aumentado en las casas de la nobleza y también para audiencias reducidas, tales actuaciones que se hacían en la noche en espacios cerrados, eran iluminadas por candelabros y antorchas, lo cual brindaba un efecto sencillo, pero también poderoso.